LOS GUERRA MALASPINA EN VENEZUELA

LOS GUERRA MALASPINA EN VENEZUELA

sábado, 25 de octubre de 2025

JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ EN NUESTRA FAMILIA.

 

JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ EN NUESTRA FAMILIA.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra







1

José Gregorio Hernández siempre estuvo con nosotros. Mamá le encendía velas en su santuario. Papá lo cargaba en un llavero y luego en su cartera.

A José Gregorio Hernández se le pedía para restablecer la salud, pero también para enderezar  cualquier situación irregular  como la que relataremos.

2

Mamá había perdido su nueva dentadura. La buscó por toda la casa. Cada rincón había sido revisado: en la sala, en la cocina, incluso en el baño. La desilusión la envolvía al pensar que aquel adminículo dental  podría estar irremediablemente perdido. Temía que  nuestro padre se enterara y enojara, pues el objeto extraviado era de alto precio.

3

Mamá rogó a José Gregorio Hernández para que la ayudara. Una mañana, mientras desayunaba con Mundito, le contó su problema.

Le confesó, y explicó que había estado orando a José Gregorio Hernández  para que la ayudara a encontrar la nueva dentadura. Le contó cómo había implorado en sus oraciones, sintiendo, tal vez, que José Gregorio Hernández  no la había escuchado. Mundito la miró con ojos comprensivos para compartir su angustia.

4

 

Mientras hablaba, un extraño sonido provocó que levantara la vista. Un objeto había caído del techo y, con un pequeño golpe, tocó su cabeza. Confusa, se llevó las manos al cabello y comenzó a buscar lo que había caído. Fue entonces cuando la vio: su prótesis estaba atrapada entre los mechones de su pelo. La emoción la invadió y una gran sonrisa iluminó su rostro.

 

"¡La encontré, la encontré!", exclamó, y Mundito la miró con sorpresa y alegría. Al ver el objeto recuperado, mamá  sintió un torrente de gratitud y de turbación. La primera emoción por haber  recuperado lo perdido; mientras que la segunda,  por la lección que acababa de vivir: había dudado de la bondad  y divinidad del Siervo de Dios.

 

Mamá se  arrodilló junto a Mundito en el altar; y encendió una vela ante la imagen del santo.Con lágrimas en los ojos, agradeció a José Gregorio Hernández  por haber respondido a su oración de una manera tan inesperada, y por muchas veces pidió disculpas por haber flaqueado por algunos momentos en su fe y en poder divino.

5

¿Un milagro? Tal vez.

Spinoza (de quien hablé con Carlos en varias ocasiones) decía que los milagros son fenómenos extraordinarios de la naturaleza.

¿Una sincronicidad? Tal vez.

El psiquiatra Carl Jung acuñó el término “sincronicidad” para caracterizar “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido, pero de manera acausal”. En otras palabras, un suceso no es causa del otro, pero extrañamente coinciden.

De alguna u otra manera se trató de algo fuera de lo común, digno de contarlo para que forme parte de nuestro acervo familiar.

(Fuente: Edmundo de Jesús Malaspina Guerra)

martes, 8 de abril de 2025

EL CONUCO DEL TÍO NEMESIO

 

EL CONUCO DEL TÍO NEMESIO.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra.


 

 

1

Nemesio (*) Guerra era un hombre de trabajo. Laboró  en las petroleras en sus mejores tiempos. También hacía las veces de policía, sobre todo las fiestas patronales. Entonces se le veía con su uniforme y su gorra que lo identificaba como agente provisional del orden. Era albañil y pintor de brocha gorda. Pero su trabajo permanente era el de agricultor o conuquero. Su último trabajo fue en una siembra de mani, por allá en el Oriente del país.

2

Yo acompañaba al tío Nemesio, con frecuencia, a su conuco. Salíamos de la casa de abuela con unos sacos. Cargábamos unas arepas rellenas, agua, cuchillos, y tatucito para los bachacos. El tío Nemesio llevaba un machete, una china para espantar pericos y una cantimplora.

La abuela Matilde nos acompañaba hasta la puerta y nos decía:

—¡Cuidao con una culebra!

Un día de junio la abuela nos dijo:

—Hoy el que mate a una culebra tiene perdón de todos sus pecados, porque hoy es día de San Pedro y de San Pablo.

Más tarde, a través de mis lecturas bíblicas, supe la razón del consejo de la abuela. San Pablo fue mordido una vez por una culebra mientras recogía unas ramas. No le pasó nada, pero igual hizo desaparecer todas las serpientes del sitio.

3

De la casa de la abuela, caminábamos hasta lo de Simón, y allí girábamos a la derecha. A pocos metros se iniciaba el monte, hoy convertido en una populosa urbanización. Yo me orientaba por el rancho de Chacón, casi al frente del conuco.

El conuco tenía una gran variedad de plantas. En unos recuadros crecía el maíz; en otros, la auyama  y la patilla.  En otro lado estaban la yuca, las papas y  las batatas. Había una matas de mango que nunca las vi grandes. Las de lechosa daban buena carga. El aguacate alcanzaba la altura de un arbusto, pero nunca dio frutos. A mí me fascinaba el ocumo por sus hojas perfectas y hermosas. La mayor producción estaba  en el cuadrante de los topochos.

4

Tío Nemesio revisaba cada porción de su conuco. Por las huellas determinaba si eran de conejo, de rabipelado o de gente. Luego calificaba:

—Aquí se robaron unas mazorcas de maíz.  Esta patilla se la comió un animal. Esto es cagarruta de conejo. Estas hojas se las comieron los bachacos. Buscaremos sus cuevas, para eso trajimos el tatucito. Y así continuaba diciendo algo sobre el estado de sus matas y las medidas que tomaría.

5

Un día nos sorprendió un aguacero, y nos refugiamos en una casita, levantada a la orilla del huerto. En realidad eran cuatro estacas que sostenían unas viejas planchas de cinc.

6

Limpiábamos y colocábamos  los desechos a un lado ,y la cosecha iba a unos saquitos que luego cargábamos hasta la casa.

NOTAS

*Nemesio proviene de la diosa griega Némesis: divinidad de la justicia.

—En su cédula de identidad de 1948 dice que nació el 16 de marzo de 1925 en un  caserío del Distrito Bolívar del Estado Anzoátegui. El caserío parece llamarse “Almastrajo” o “Almástrojo”. Puede ser también “El rastrojo”. Dice que tiene una estatura de un metro con sesenta y tres centímetros. Como señal particular se menciona el lunar del lado izquierdo de la cara. Era un lunar con vellos, que cortaba con unas tijeras.

—Una curiosidad: su cédula es una libreta de ocho pequeñas páginas con letras escritas a mano, casi  ininteligibles. En la portada está escrito: Estados Unidos de Venezuela. Así se llamaba el país desde 1864 hasta 1953.

—El tío Nemesio tenía 28 años en la fotografía del conuco. Se la tomó junto a otros familiares en Santa María de Ipire en un año nuevo (1 de enero de 1953).

Fuente: Los documentos originales del tío Nemesio me los envió Carmita, su única hija.

 

 

sábado, 1 de marzo de 2025

LA ESCALERA DEL TÍO NEMESIO. RECUERDOS Y REFLEXIONES.

 

LA ESCALERA DEL TÍO NEMESIO. RECUERDOS Y REFLEXIONES.

 Edgardo Rafael Malaspina Guerra


 

1

Mundito tomó una fotografía a la escalera del tío Nemesio, allá en la casa de la tía Rogelia;  y esa imagen me ha traído algunos recuerdos, casi borrados por la bruma del tiempo, junto a algunas reflexiones.

2

La casa donde nacimos todos en Las Mercedes del Llano, en la calle Eliseo Marchena, tenía paredes de bahareque y barro con techo de cinc. La sala era también dormitorio, y estaba dividida con un tabique de cartón comprimido. En la primera división, sin ventanas se colgaban los chinchorros. El segundo cuarto, tras el tabique, tenía una ventana con una cortina. Allí se ubicaban las camas de los más pequeños.

Los muros delanteros los mandó a levantar papá, luego de que un carro embistiera, rompiendo la pared, pero afortunadamente sin lesionados.

En la parte trasera estaba la cocina de querosén y el lavandero; y más al fondo, el patio, cercado con bloques por todos los lados.

Esta casa era pintada todos los años, en diciembre, con cal y avestina.

3

Antes de pintar, las paredes eran reparadas con parches de cemento y frisado nuevo. Esos trabajos, por lo general, los hacía el tío Nemesio, quien traía consigo todos los instrumentos de albañilería. Entre esos aperos estaba su escalera metálica portátil.

4

Cuando tío Nemesio estaba pintando las partes altas de las paredes, colocaba su escalera, cuyas patas eran recubiertas con unos trapos para evitar el deslizamiento. Además, a veces solicitaba la ayuda de alguno de nosotros, para sostenerla.

5

Pero un día las cosas salieron mal, y la escalera resbaló, junto con el tío Nemesio, que resultó con algunas contusiones. En sus piernas y brazos había unas raspaduras y unos hilos de sangre. Mamá, por todo auxilio, solicitó la presencia de la abuela Matilde. Uno de nosotros fue por ella.

La abuela vino con unas gasas y un frasquito de árnica, y curó a su hijo.

6

Este recuerdo me sirvió para hacer algunas reflexiones. La primera es que mamá mandó a llamar a su mamá.  ¿Por qué? Porque las madres, son, precisamente, el bálsamo para todos nuestros males, y en cuyo regazo depositamos nuestras lágrimas  cuando la suerte no nos acompaña.

La segundas reflexión de esta crónica es que nuestra madre no llamó a un médico o a una enfermera. Prefirió buscar la ayuda de la abuela, porque el proceso curativo empieza con el calor de los seres más allegados.

7

Hipócrates, padre de la medicina, decía que quien cura es la naturaleza, y el cariño familiar es la manifestación más humana y sublime de la naturaleza.