LOS GUERRA MALASPINA EN VENEZUELA

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sábado, 1 de marzo de 2025

LA ESCALERA DEL TÍO NEMESIO. RECUERDOS Y REFLEXIONES.

 

LA ESCALERA DEL TÍO NEMESIO. RECUERDOS Y REFLEXIONES.

 Edgardo Rafael Malaspina Guerra


 

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Mundito tomó una fotografía a la escalera del tío Nemesio, allá en la casa de la tía Rogelia;  y esa imagen me ha traído algunos recuerdos, casi borrados por la bruma del tiempo, junto a algunas reflexiones.

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La casa donde nacimos todos en Las Mercedes del Llano, en la calle Eliseo Marchena, tenía paredes de bahareque y barro con techo de cinc. La sala era también dormitorio, y estaba dividida con un tabique de cartón comprimido. En la primera división, sin ventanas se colgaban los chinchorros. El segundo cuarto, tras el tabique, tenía una ventana con una cortina. Allí se ubicaban las camas de los más pequeños.

Los muros delanteros los mandó a levantar papá, luego de que un carro embistiera, rompiendo la pared, pero afortunadamente sin lesionados.

En la parte trasera estaba la cocina de querosén y el lavandero; y más al fondo, el patio, cercado con bloques por todos los lados.

Esta casa era pintada todos los años, en diciembre, con cal y avestina.

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Antes de pintar, las paredes eran reparadas con parches de cemento y frisado nuevo. Esos trabajos, por lo general, los hacía el tío Nemesio, quien traía consigo todos los instrumentos de albañilería. Entre esos aperos estaba su escalera metálica portátil.

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Cuando tío Nemesio estaba pintando las partes altas de las paredes, colocaba su escalera, cuyas patas eran recubiertas con unos trapos para evitar el deslizamiento. Además, a veces solicitaba la ayuda de alguno de nosotros, para sostenerla.

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Pero un día las cosas salieron mal, y la escalera resbaló, junto con el tío Nemesio, que resultó con algunas contusiones. En sus piernas y brazos había unas raspaduras y unos hilos de sangre. Mamá, por todo auxilio, solicitó la presencia de la abuela Matilde. Uno de nosotros fue por ella.

La abuela vino con unas gasas y un frasquito de árnica, y curó a su hijo.

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Este recuerdo me sirvió para hacer algunas reflexiones. La primera es que mamá mandó a llamar a su mamá.  ¿Por qué? Porque las madres, son, precisamente, el bálsamo para todos nuestros males, y en cuyo regazo depositamos nuestras lágrimas  cuando la suerte no nos acompaña.

La segundas reflexión de esta crónica es que nuestra madre no llamó a un médico o a una enfermera. Prefirió buscar la ayuda de la abuela, porque el proceso curativo empieza con el calor de los seres más allegados.

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Hipócrates, padre de la medicina, decía que quien cura es la naturaleza, y el cariño familiar es la manifestación más humana y sublime de la naturaleza.

 

 

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