LA
ESCALERA DEL TÍO NEMESIO. RECUERDOS Y REFLEXIONES.
1
Mundito
tomó una fotografía a la escalera del tío Nemesio, allá en la casa de la tía
Rogelia; y esa imagen me ha traído
algunos recuerdos, casi borrados por la bruma del tiempo, junto a algunas
reflexiones.
2
La
casa donde nacimos todos en Las Mercedes del Llano, en la calle Eliseo
Marchena, tenía paredes de bahareque y barro con techo de cinc. La sala era
también dormitorio, y estaba dividida con un tabique de cartón comprimido. En
la primera división, sin ventanas se colgaban los chinchorros. El segundo
cuarto, tras el tabique, tenía una ventana con una cortina. Allí se ubicaban
las camas de los más pequeños.
Los
muros delanteros los mandó a levantar papá, luego de que un carro embistiera,
rompiendo la pared, pero afortunadamente sin lesionados.
En
la parte trasera estaba la cocina de querosén y el lavandero; y más al fondo,
el patio, cercado con bloques por todos los lados.
Esta
casa era pintada todos los años, en diciembre, con cal y avestina.
3
Antes
de pintar, las paredes eran reparadas con parches de cemento y
frisado nuevo. Esos trabajos, por lo general, los hacía el tío Nemesio, quien
traía consigo todos los instrumentos de albañilería. Entre esos aperos estaba
su escalera metálica portátil.
4
Cuando
tío Nemesio estaba pintando las partes altas de las paredes, colocaba su
escalera, cuyas patas eran recubiertas con unos trapos para evitar el
deslizamiento. Además, a veces solicitaba la ayuda de alguno de nosotros, para
sostenerla.
5
Pero
un día las cosas salieron mal, y la escalera resbaló, junto con el tío Nemesio, que
resultó con algunas contusiones. En sus piernas y brazos había unas raspaduras
y unos hilos de sangre. Mamá, por todo auxilio, solicitó la presencia de la
abuela Matilde. Uno de nosotros fue por ella.
La
abuela vino con unas gasas y un frasquito de árnica, y curó a su hijo.
6
Este recuerdo me sirvió para hacer algunas reflexiones. La primera es que mamá mandó
a llamar a su mamá. ¿Por qué? Porque las
madres, son, precisamente, el bálsamo para todos nuestros males, y en cuyo
regazo depositamos nuestras lágrimas
cuando la suerte no nos acompaña.
La
segundas reflexión de esta crónica es que nuestra madre no llamó a un médico o
a una enfermera. Prefirió buscar la ayuda de la abuela, porque el proceso
curativo empieza con el calor de los seres más allegados.
7
Hipócrates,
padre de la medicina, decía que quien cura es la naturaleza, y el cariño
familiar es la manifestación más humana y sublime de la naturaleza.
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