EL
CONUCO DEL TÍO NEMESIO.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra.
1
Nemesio (*) Guerra era un hombre de trabajo. Laboró en las petroleras en sus mejores tiempos.
También hacía las veces de policía, sobre todo las fiestas patronales. Entonces
se le veía con su uniforme y su gorra que lo identificaba como agente
provisional del orden. Era albañil y pintor de brocha gorda. Pero su trabajo
permanente era el de agricultor o conuquero. Su último trabajo fue en una
siembra de mani, por allá en el Oriente del país.
2
Yo acompañaba al tío Nemesio, con frecuencia, a su
conuco. Salíamos de la casa de abuela con unos sacos. Cargábamos unas arepas
rellenas, agua, cuchillos, y tatucito para los bachacos. El tío Nemesio llevaba
un machete, una china para espantar pericos y una cantimplora.
La abuela Matilde nos acompañaba hasta la puerta y
nos decía:
—¡Cuidao con una culebra!
Un día de junio la abuela nos dijo:
—Hoy el que mate a una culebra tiene perdón de todos
sus pecados, porque hoy es día de San Pedro y de San Pablo.
Más tarde, a través de mis lecturas bíblicas, supe
la razón del consejo de la abuela. San Pablo fue mordido una vez por una
culebra mientras recogía unas ramas. No le pasó nada, pero igual hizo
desaparecer todas las serpientes del sitio.
3
De la casa de la abuela, caminábamos hasta lo de
Simón, y allí girábamos a la derecha. A pocos metros se iniciaba el monte, hoy
convertido en una populosa urbanización. Yo me orientaba por el rancho de
Chacón, casi al frente del conuco.
El conuco tenía una gran variedad de plantas. En
unos recuadros crecía el maíz; en otros, la auyama y la patilla. En otro lado estaban la yuca, las papas y las batatas. Había una matas de mango que
nunca las vi grandes. Las de lechosa daban buena carga. El aguacate alcanzaba la
altura de un arbusto, pero nunca dio frutos. A mí me fascinaba el ocumo por sus
hojas perfectas y hermosas. La mayor producción estaba en el cuadrante de los topochos.
4
Tío
Nemesio revisaba cada porción de su conuco. Por las huellas determinaba si eran
de conejo, de rabipelado o de gente. Luego calificaba:
—Aquí
se robaron unas mazorcas de maíz. Esta
patilla se la comió un animal. Esto es cagarruta de conejo. Estas hojas se las
comieron los bachacos. Buscaremos sus cuevas, para eso trajimos el tatucito. Y así continuaba diciendo algo sobre el estado de sus matas y las medidas que
tomaría.
5
Un
día nos sorprendió un aguacero, y nos refugiamos en una casita, levantada a la
orilla del huerto. En realidad eran cuatro estacas que sostenían unas viejas
planchas de cinc.
6
Limpiábamos
y colocábamos los desechos a un lado ,y
la cosecha iba a unos saquitos que luego cargábamos hasta la casa.
NOTAS
*Nemesio
proviene de la diosa griega Némesis: divinidad de la justicia.
—En
su cédula de identidad de 1948 dice que nació el 16 de marzo de 1925 en un caserío del Distrito Bolívar del Estado
Anzoátegui. El caserío parece llamarse “Almastrajo” o “Almástrojo”. Puede ser
también “El rastrojo”. Dice que tiene una estatura de un metro con sesenta y
tres centímetros. Como señal particular se menciona el lunar del lado izquierdo
de la cara. Era un lunar con vellos, que cortaba con unas tijeras.
—Una
curiosidad: su cédula es una libreta de ocho pequeñas páginas con letras escritas a
mano, casi ininteligibles. En la portada
está escrito: Estados Unidos de Venezuela. Así se llamaba el país desde 1864
hasta 1953.
—El
tío Nemesio tenía 28 años en la fotografía del conuco. Se la tomó junto a otros
familiares en Santa María de Ipire en un año nuevo (1 de enero de 1953).
Fuente:
Los documentos originales del tío Nemesio me los envió Carmita, su única hija.
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