JOSÉ
GREGORIO HERNÁNDEZ EN NUESTRA FAMILIA.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
José
Gregorio Hernández siempre estuvo con nosotros. Mamá le encendía velas en su
santuario. Papá lo cargaba en un llavero y luego en su cartera.
A
José Gregorio Hernández se le pedía para restablecer la salud, pero también
para enderezar cualquier situación
irregular como la que relataremos.
2
Mamá
había perdido su nueva dentadura. La buscó por toda la casa. Cada rincón había
sido revisado: en la sala, en la cocina, incluso en el baño. La desilusión la
envolvía al pensar que aquel adminículo dental podría estar irremediablemente perdido. Temía
que nuestro padre se enterara y enojara,
pues el objeto extraviado era de alto precio.
3
Mamá
rogó a José Gregorio Hernández para que la ayudara. Una mañana, mientras
desayunaba con Mundito, le contó su problema.
Le
confesó, y explicó que había estado orando a José Gregorio Hernández para que la ayudara a encontrar la nueva
dentadura. Le contó cómo había implorado en sus oraciones, sintiendo, tal vez, que José Gregorio Hernández no la había
escuchado. Mundito la miró con ojos comprensivos para compartir su angustia.
4
Mientras
hablaba, un extraño sonido provocó que levantara la vista. Un objeto había
caído del techo y, con un pequeño golpe, tocó su cabeza. Confusa, se llevó las
manos al cabello y comenzó a buscar lo que había caído. Fue entonces cuando la
vio: su prótesis estaba atrapada entre los mechones de su pelo. La emoción la
invadió y una gran sonrisa iluminó su rostro.
"¡La
encontré, la encontré!", exclamó, y Mundito la miró con sorpresa y alegría.
Al ver el objeto recuperado, mamá sintió
un torrente de gratitud y de turbación. La primera emoción por haber recuperado lo perdido; mientras que la
segunda, por la lección que acababa de
vivir: había dudado de la bondad y
divinidad del Siervo de Dios.
Mamá
se arrodilló junto a Mundito en el
altar; y encendió una vela ante la imagen del santo.Con lágrimas en los ojos,
agradeció a José Gregorio Hernández por
haber respondido a su oración de una manera tan inesperada, y por muchas veces
pidió disculpas por haber flaqueado por algunos momentos en su fe y en poder divino.
5
¿Un
milagro? Tal vez.
Spinoza
(de quien hablé con Carlos en varias ocasiones) decía que los milagros son
fenómenos extraordinarios de la naturaleza.
¿Una
sincronicidad? Tal vez.
El
psiquiatra Carl Jung acuñó el término “sincronicidad” para caracterizar “la simultaneidad
de dos sucesos vinculados por el sentido, pero de manera acausal”. En otras
palabras, un suceso no es causa del otro, pero extrañamente coinciden.
De
alguna u otra manera se trató de algo fuera de lo común, digno de contarlo para
que forme parte de nuestro acervo familiar.
(Fuente:
Edmundo de Jesús Malaspina Guerra)
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